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Un pueblo castellano. Las vacaciones

Había una vez un tiempo en el que mi familia tenía un pueblo para pasar las vacaciones de verano. 

Era el pueblo de mi padre. Es decir, el pueblo donde mi padre había nacido, donde estaba la casa de mis abuelos, donde nos reuníamos en vacaciones con mi abuela Rosalía, con mi abuelo Tomás y mis primos y mis tíos.

Mi madre, en cambio, no tenía un pueblo propio. En primer lugar, porque era de Madrid y en Madrid vivíamos. Y, además, porque ella no tenía una casa en ningún pueblo adonde pudiéramos ir. En fin, los de Madrid no tenemos pueblo.

Por lo tanto, pasábamos los veranos en el pueblo de mi padre. Se trataba, y sigue tratándose, de un pueblo muy pequeño. Antes no se localizaba en ningún mapa. Ahora Google sí lo encuentra. El pueblo se llama Hinojar del Rey y está en la provincia de Burgos. 

Cuando llegaban las vacaciones nos escapábamos de la ciudad e íbamos al pueblo. Ya podían ser vacaciones de verano o Semana Santa. Es verdad que no recuerdo haber pasado las vacaciones de Navidad en Hinojar. Seguramente porque en la casa de mis abuelos no había calefacción, y en aquellos tiempos en el pueblo nevaba mucho en invierno.

NOS VAMOS AL PUEBLO

Empezaban las vacaiciones. Al pueblo no íbamos en autobús o tren, no. El viaje lo hacíamos en el Seat600. Pasábamos el Puerto de Somosierra con gran dificultad, y parábamos a mitad del trayecto, tanto para que el Seat se recuperara como para que sus ocupantes estiraran las piernas. Llegábamos al pueblo cansados de un viaje tan largo en el 600, pero eran vacaciones.

Después cuando el Seat600 no pudo más, mi padre se compró un SEAT 127, y con él íbamos al pueblo.

Para mí el pueblo era la casa de mis abuelos y la calle donde está la casa. Esta calle iba hacía la era y el monte por un lado, y por el otro iba a la carretera, al puente, el río, al cementerio y a la Ermita de Santo Cristo.

En esa época yo pensaba que en ese pueblo las calles no tenían nombres, ni las casas números. Pero todas las cartas llegaban a su destinatario.

LA Gran Vía de Hinojar

Yo si comparo Madrid con Hinojar, la Gran Vía madrileña era la calle Dos de Mayo. En esta calle se encuentraba, y se encuentra, la casa de mis abuelos.

Era la calle más transitada del pueblo. Por ella veías animales, tractores; paraba la furgoneta del panadero o del pescadero…y pasaba la gente.

Enfrente de la casa de mis abuelos estaba, y ya no está, la tienda de María: la única tienda y el único lugar de encuentro para tomar algo y hablar, y para jugar a las cartas por la tarde.

Enfrente de la casa de mis abuelos estaba la antigua escuela. No había una „nueva escuela“ porque no había sufientes niños.

La era

En verano iba hasta la era para ver a la gente trillar  A veces, incluso me dejaban subir al trillo tirado por una mula y dar vueltas y vueltas a la parva, llegando a casa con restos de paja y una picazón que no se me quitaba en días. 

Aquí tienes un vídeo de cómo se trillaba antes.

El río, el lavadero, el pilón, la Fuente de Fontuso.

No había agua corriente en las casas. El agua para cocinar y beber se iba a buscar al pilón que era lo más cercano. Sin embargo, la mejor agua para beber, era el agua de la Fuente de Fontuso, pero quedaba un poco lejos. Para lavar la ropa : el río y el lavadero.

Todos los domingos: Ir a misa.

A la Iglesia íbamos todos los domingos y fiestas de guardar. La Iglesia tenía, y tiene, un pórtico y una pequeña explanada. Era el lugar de reunión antes y después de la misa. Las mujeres y las niñas, adecuadamente vestidas (con velito las mujeres, una chaquetita que te cubriera los brazos) entraban primero y se sentaban delante. Los hombres, con su traje de domingo y aseados, entraban los últimos y se sentaban detrás. Hubo un tiempo en que el cura daba la misa en latín, los sermones se dirigían a los pecadores, que éramos todos los que estábamos allí, y al final de la misa se recordaba a los difuntos por su nombre.

Y la gente.

Recuerdo con un cariño enorme a mis abuelos Rosalía y Tomás, a mis tías Rosa y Pilar y a mi tío Vicente, a mis primas y a mis primos.

No olvido a la Nieves y al Vitoriano, a la Marta y al Esteban, a la María y al Aurelio, a la Mary Cruz, a la Vitoria, a los de la central de teléfonos, a la Fausta y al Avelino, a la gente de la Casa Grande, a una señora que era vegetariana, al Cipriano y sus pavos reales, a una familia que eran músicos, a María la Pastora…

GRACIAS

A mis primas Tere y Begoña por todas las fotos del pueblo.

TU TURNO

Aquí tienes el mapa de Hinojar del Rey. Da un paseo por él. ¿Encuentras la iglesia, la ermita, la era, la calle 2 de Mayo, el pilón, el río, la Fuente de Fontuso, el cementerio?

Un poco de vocabulario

Y tú, ¿tenías un pueblo cuando eras pequeño/a para ir de vacaciones?

¿Sigues pasando las vacaciones allí?

¿Qué recuerdos tienes de esa época?

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4 Gedanken zu „Un pueblo castellano. Las vacaciones“

      1. Querida Rosa, tu narración me parece muy buena, evoca en mí un feliz tiempo pasado, la nostalgia de lo que fue el pueblo para todos nosotros, lugar de libertad y de juegos, en definitiva, de buenos momentos compartidos y sin ausencias. Al mismo tiempo, siento el salto dado por el progreso para modificar unas condiciones de vida y llevarnos a comodidades que entonces no se soñaban y que, a la postre, no han servido para anclarnos a esta tierra, que tristemente sigue vaciándose.
        En definitiva, siempre nos quedará en el recuerdo ese lugar feliz de nuestra infancia. Muchas gracias y enhorabuena por tu aportación a esos recuerdos. Un beso grande ❤️❤️😘😘

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